La mecha encendida por Túnez

29 enero 2011

La mecha encendida por Túnez

Por: Agustín Yáñez Figueroa

Un joven desempleado, con estudios, pero sin oportunidades, decidió colocar sin permiso de su país, un pequeño local para vender frutas y verduras. Lo anterior no fue en rebeldía; fue simplemente por la necesidad de tener un medio de subsistencia para el y su familia, ante una situación que exigía de su iniciativa para sobrevivir. La reacción de las fuerzas de su país fue brutal: No sólo se le quitó su negocio que le servía de sustento, sino que fue severamente maltratado por las fuerzas policíacas por ello. Este joven, ante la desesperación y como señal de protesta, decidió auto-inmolarse. Este hecho aparentemente aislado, dio paso a que otros siguieran su ejemplo, y que eventualmente iniciaran las manifestaciones que derivaron en una revolución en Túnez: Tras décadas de un gobierno dictatorial y completamente desinteresado en las necesidades del pueblo de ese país, el movimiento social provocó la salida del dictador, y la instalación de un gobierno interino de transición. Increíblemente y pese al logro social, las manifestaciones continúan, exigiendo cambios sustanciales e inmediatos dentro de ese país. Túnez ubicado en el norte de África, es mayoritariamente musulman, pero considerado poco relevante: Tiene 10 millones de habitantes y los índices de educación superior más altos de la región. Evidentemente estas revueltas tornadas en fuerzas revolucionarias, sorprendieron al mundo entero. Quizá los más sorprendidos fueron los Egipcios: La larga historia y relevancia de este país, les ha creado un orgullo y sentimiento de ser el centro y corazón del mundo árabe. Para ellos, que el pueblo de un país hermano se rebelaran en contra de la dictadura, en busca de mejores condiciones de vida, llevo finalmente al pueblo de Egipto a tomar la decisión de poner un fin a la larga y cruda dictadura de Hosni Mubarak, quien ha gobernado Egipto desde 1981. Debían evidentemente demostrarse a si mismos que seguían siendo relevantes en el mundo, y que había llegado el momento de poner un fin a la tiranía reinante. La mecha encendida por Túnez, ha iniciado movimientos sociales en varios otros países de corte musulmán: Yemen, Jordania, Argelia e inclusive Albania en Europa, quienes han iniciado movimientos sociales de hartazgo. Resulta destacable que todos los movimientos sociales han surgido de manera espontánea, sin liderazgo político o incitación extranjera, lo que los hace indudablemente muy novedosos y particulares en su encauzamiento y determinación. Evidentemente las condiciones para las revueltas en el mundo árabe, como en muchos otros lugares del mundo han estado dadas desde hace varios años. Sin embargo hay factores a escala global que finalmente llevaron a la irrupción social en contra de los gobiernos, y esto indudablemente es algo que se puede seguir replicando en otras regiones: Se ha determinado ya por entes sociales como el National Inflation Association, una asociación civil en Estados Unidos, que la comida barata en el mundo es cosa del pasado. En el año 2008 se empezaron a observar aumentos muy importantes en el precio de los granos básicos y otros productos alimenticios esenciales para toda la humanidad. La recesión que dio inicio durante ese año, desvió la atención a otras cuestiones, y por la baja en demanda de alimentos, mantuvo la escalada de precios de los alimentos bajo control. Sin embargo, esto ya no puede continuar: Las necesidades alimenticias de países como China e India, como economías emergentes, precisa grandisimas cantidades de alimentos. Su capacidad económica ascendente, con una tercera parte de la población global, conlleva indudablemente a una escalada sin precedentes en los precios internacionales de los alimentos: Aumenta la demanda, aumenta los precios, y en este caso particular, la competencia internacional por la comida. Esto conllevará a más naciones del mundo a enfrentar crisis sociales muy severas, ya que se verá el aumento de los precios de los productos primarios sin control y de manera exponencial. Aunado a lo anterior, la falta de empleo y oportunidades, así como la injusticia social dominante en el mundo, en donde la mitad de la riqueza del mundo yace en sólo el uno por ciento de la población, terminará por colapsar gobiernos en todas las regiones del planeta. El presidente Obama de Estados Unidos de América ha generado para su país y su política exterior una gran problemática, ya que reconocen el derecho de los pueblos a decidir su destino. Pero esto simultáneamente afecta sus intereses, ya que mantienen una estrecha relación y dependencia con regímenes como el de Mubarak en Egipto, por lo que se ubican en una situación donde van a perder sin importar el resultado de las revueltas. Temen principalmente en Estados Unidos y el mundo occidental, que se instalen regímenes con tinte islámico fundamentalista, pero pierden sus servicios de inteligencia la perspectiva sobre lo que realmente sucede y lo que es evidentemente trascendente: El hartazgo de los jóvenes, la desesperación de millones, la injusticia preeminente en el sistema económico mundial, todo ello factores de inestabilidad que sin duda provocará aún mayores revueltas en el mundo. Conjugado lo anterior a la escalada de precios en los alimentos, y la ineptitud de los políticos del mundo, acabará por crear un nuevo escenario mundial. En un mundo más justo se puede lograr que el total de la población mundial al menos tenga suficiente alimento, pero para ello, los privilegios al estilo Luis XVI de Francia tienen que terminar, y la repartición de recursos se debe dar de una manera más equitativa, y en armonía con el planeta. Con lo anterior no se quiere aludir a un sistema proletarial en donde los Estados-Nación absorban el control de los medios de producción, sino que las reglas sociales logren el acercamiento entre el rico y el pobre al nivel de que el primero no amase riquezas absurdas, y que el segundo no muera de hambre por falta de acceso a alimentos. Empezamos una nueva década con un nuevo orden mundial: Veremos como los pueblos del mundo reclaman y obtienen lo que realmente les pertenece: El derecho soberano de decidir sus destinos. Esperemos que con ello, se logre un mundo más justo que permita a la humanidad transitar hacía un sistema de organización social y política con miras a crear gobiernos basados en el humanismo y muy lejos del tiranismo.

*Originalmente publicado en lamuertedelpapel.com

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