Latinoamérica en el Siglo XXI y su relación con el Congreso de Viena de 1815

10 octubre 2010

Latinoamérica en el Siglo XXI y su relación con el Congreso de Viena de 1815
Por: Agustín Yáñez Figueroa
Honduras escribió una nueva página en la historia de Latinoamérica el año pasado: Un pueblo cansado de un Presidente Manuel Zelaya, enfermo de poder, desinteresado en su pueblo, y en la democracia, fue retirado por medio de una revolución institucional del cargo. Esto fue así, dado que en Honduras el orden constitucional no fue violentado con la salida de Zelaya, ya que las instituciones del Estado siguieron funcionando, el poder legislativo y judicial siguieron trabajando, y de hecho, ordenaron la salida de Zelaya. Un golpe precisa un cambio de gobierno impuesto por la fuerza, en este caso, se retiro a un funcionario quien atentaba contra el orden constitucional. La causa de la salida de Zelaya fue realmente justificada: violentó totalmente el orden de su país, intentando modificar artículos pétreos de su constitución, en una aspiración megalomana y común en nuestros países, por mantenerse en el poder, autorizando la reelección en el país.
Fue muy impresionante la reacción de los países del continente ante la salida de Zelaya: De inmediato se convocó a una reunión de emergencia de la Organización de Estados Americanos, en donde tanto los países de izquierda como de derecha, condenaron las acciones del pueblo hondureño (hago la aclaración ante esto, de que Colombia fue el único país de la región en respetar el derecho soberano del pueblo hondureño). Se le llamó Golpe de Estado, y pese a que se logró una transición pacífica del poder, tras las elecciones presidenciales convocadas por Zelaya, que eligieron a un nuevo presidente, Porfirio Lobo, los países de la región mantuvieron el veto al pueblo de este país, al no reconocer su gobierno electo constitucionalmente.
De nueva cuenta acaba de acontecer un suceso similar en la región; la sublevación policíaca en Ecuador. La reacción de los Jefes de Estado de todo el continente fue idéntica y de forma instantánea: Condenar la acción y validar el poder del presidente constitucional de ese país. El antecedente a este evento atiende a que el gobierno en Ecuador, por necesidades presupuestarias, redujo los beneficios y rangos policíacos, situación que generó un gran disgusto entre los uniformados. Correa, su presidente, intentó explicar a estos servidores públicos los cambios legales, para explicar los beneficios que tendría para ellos. Sin embargo, se generó un enfrentamiento entre los policias y el presidente, que desencadenó una serie de actos, que pusieron en peligro la vida del Jefe de Estado de este país. Una bomba lacrimógena provocó daños al mandatario, quien fue trasladado a un hospital policíaco, donde fue retenido contra su voluntad durante todo el día, hasta que un operativo militar lo rescató de su cautiverio.
En todo momento se habló de una sublevación, y no de un golpe de estado, ya que no tenía este atentado contra Correa las características necesarias para darle ese carácter. Indudablemente si el mandatario hubiera perdido la vida, hubiera sido algo muy lamentable, y preocupante, sin embargo, era poco probable que el orden institucional de Ecuador se hubiese quebrado por este acontecimiento, y a pesar de ello, los países de la región se convocaron a reunión de emergencia en la OEA, para otorgar su respaldo al presidente ecuatoriano.
El nombre de este artículo relaciona al Congreso de Viena de 1815 con los sucesos actuales en latinoamérica. Esto es así, ya que existen realmente similitudes en el actuar europeo a principios del siglo XIX con lo acontece en el presente en nuestra región. En aquella instancia, fue central para las monarquías europeas, restaurar la monarquía francesa tras la derrota de Napoleón. Era imprescindible para los reyes de las potencias de este continente, asegurar que continuara la hegemonía nobílica que tantos placeres les otorgaba.
Me parece que en latinoamérica, en estos momentos, sin importar ideologías ni errores, lo más importante para los dirigentes políticos de la región es asegurar que bajo ninguna circunstancia los pueblos tengan realmente un derecho y un decir soberanos sobre lo que sucede en cada uno de los países americanos. Se concentran unos con otros en una estructura de elite que busca sobre todas las cosas que el status quo permanezca, que no exista ni se permita de ninguna forma que los pueblos reclamen gobiernos decentes. Además, convocan reuniones de emergencia y gastan fortunas para respaldarse unos a otros, en lugar de convocar y utilizar reuniones de la OEA para temas de emergencia como el hambre, la enfermedad o la devastación del planeta.
Es indudable la similitud que existe entre la Europa del siglo XIX y la de América en la actualidad, y esto es así porque realmente estamos a 200 años de distancia con el viejo continente. Obviamente el retraso es a nivel organizativo, a nivel estructuras de gobierno y de participación ciudadana, y es un fenómeno que afecta a toda la región en mayor o menor grado, pero que sin duda, puede provocar un efecto contagio, que aterra a las altas esferas regionales.

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